Trabajamos para vivir o ¿vivimos para trabajar?

El ritmo de vida actual, ligado a las distintas actividades laborales posibles, hace que el estrés sea frecuente en cualquier centro de trabajo. Estas condiciones pueden desencadenar otras problemáticas, entrañan riesgos para las personas que las sufren como puede ser dificultades psicosociales. Llegando, incluso,  a desencadenar otras consecuencias aún más negativas, como sufrir una depresión. Por ello, este ámbito también supone un riesgo laboral y por lo tanto es necesario tener en cuenta las posibilidades de prevención con el objetivo de tratar de evitarlo.

El burnout, también conocido como el síndrome del trabajador quemado, fue definido por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo como: “una patología relacionada con una serie de condiciones psicosociales nocivas en el trabajo”. Generalmente, se relaciona con una carga excesiva de trabajo que la persona afectada no pueda asumir. Suele aparecer en personas que mantienen un contacto constante con el beneficiario del trabajo que realizan, como pacientes o clientes. Desde Prevención Siglo 21 te presentamos las profesiones con más riesgo de desarrollar este síndrome:

  • Colectivos sanitarios
  • Ámbito educativo
  • Servicios sociales
  • Fuerzas de seguridad

En ocasiones, el burnout puede confundirse con un mal día en el trabajo o con estar agobiado y por ese motivo no se detecta el verdadero problema. Este síndrome está ligado a cambios de actitud, mayor irritabilidad, agotamiento emocional, baja realización personal en el trabajo o despersonalización.

Evidentemente, los servicios de prevención de riesgos laborales deben conocer esta patología, de la misma manera que conocer las estrategias de prevención y de intervención, en el caso de que el burnout aparezca. Las medidas de prevención se pueden clasificar en tres niveles diferentes de actuación: organizativo, interpersonal e individual. A nivel organizativo se deben desarrollar acciones de prevención. Además, deben llevarse a cabo acciones orientadas a regular y fomentar las interacciones que tienen lugar en el puesto de trabajo. Finalmente, deben realizarse acciones a nivel individual con el objetivo de evitar que ese trabajador, en concreto, pueda terminar por padecer este síndrome.

La organización tiene la responsabilidad de identificar los riesgos, con el objetivo de implementar medidas correctoras, en el caso de que sean necesarias. Cuando el síndrome no se haya detectado a tiempo, también se deberá intervenir evaluando los daños y ayudando a la persona afectada.